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domingo, 1 de junio de 2014

Que el tren pasaría.



Ella solo era una simple chica. La gustaba tomar café a las 5 de la mañana, amaba salir a dar un paseo a cualquier hora de la tarde, no podía evitar comer entre horas. Nunca dejaba de sonreír, escribía en cualquier estancia, y era incapaz de confesar que la lluvia era su mayor enemiga.

Ella, la cual nunca pudo negar sus sentimientos, ni amar a quien no amaba. Siempre creyendo en el amor, nunca pudiendo negarse a él, sin siquiera evitar enamorarse. Una chica que, como ella, jamás conseguiría negar la evidencia, ni engañar a su corazón dormido.

Ella solo buscaba cumplir un sueño, vivir una historia de cuento, de esos que mencionan en esos libros que tanto la gustaba leer, e ir a aquellos lugares tan increíbles que proyectaban en las películas.

Soñaba despierta, mirando por la ventana de su habitación, respirando el mar y escuchando a los pájaros piar, imaginando su mundo perfecto. Soñando con que, algún día, toda su vida daría un giro de 180 grados. Que la espera acabaría mereciendo la pena.


Ella que creía que todo era posible, que todo por lo que luchaba algún día lo conseguiría. Que su tren un día pasaría, que dejaría el andén en el que tanto tiempo llevaba esperando. Que lo cogería e iría directa a donde nadie pudiera encontrarla. Iría a un lugar en el que ella ya nunca más volvería a ser ella. 

@TumundoblogI