Ella solo era una simple chica. La gustaba tomar café a las 5
de la mañana, amaba salir a dar un paseo a cualquier hora de la tarde, no podía
evitar comer entre horas. Nunca dejaba de sonreír, escribía en cualquier
estancia, y era incapaz de confesar que la lluvia era su mayor enemiga.
Ella, la cual nunca pudo negar sus sentimientos, ni amar a
quien no amaba. Siempre creyendo en el amor, nunca pudiendo negarse a él, sin
siquiera evitar enamorarse. Una chica que, como ella, jamás conseguiría negar
la evidencia, ni engañar a su corazón dormido.
Ella solo buscaba cumplir un sueño, vivir una historia de
cuento, de esos que mencionan en esos libros que tanto la gustaba leer, e ir a aquellos
lugares tan increíbles que proyectaban en las películas.
Soñaba despierta, mirando por la ventana de su habitación,
respirando el mar y escuchando a los pájaros piar, imaginando su mundo
perfecto. Soñando con que, algún día, toda
su vida daría un giro de 180 grados. Que la espera acabaría mereciendo la
pena.
Ella que creía que todo era posible, que todo por lo que luchaba
algún día lo conseguiría. Que su tren un día pasaría, que dejaría el andén en
el que tanto tiempo llevaba esperando. Que lo cogería e iría directa a donde
nadie pudiera encontrarla. Iría a un
lugar en el que ella ya nunca más volvería a ser ella.
@TumundoblogI
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