*Escribiré todos los domingos, exceptuando alguna semana que pueda andar de exámenes. Me comprometo a no abandonar esto, seguir escribiendo, que es lo que de verdad me llena.
Tú, que me
enseñaste a llorar.
Tú, que me
enseñaste a reír.
Tú, que me
enseñaste a sentir.
Tú, que me
enseñaste a amar.
Hoy te escribo a ti, mi madre, mi consejera,
esa que me enseñó a mirar la vida desde
otro punto de vista, la que me demostró que el afecto es lo que nos hace
grandes, hoy escribo a la mujer que estaría dispuesta a dar la vida por mí
todas las veces que hiciera falta.
Escribo a mi vida, a mi muerte, a esa parte
de mí que nunca se irá. A mi mitad, a mi reina, a lo más importante de mi vida.
Dicen que nunca se puede llegar a agradecer
lo suficiente lo que una madre hace por ti, que los “gracias”
no sirven en este diccionario. Que no hay reglas ni normas, ni requisitos que
cumplir. Que amar es mutuo, la conexión es recíproca.
Gracias
por advertirme, gracias por
levantarme y gracias por nunca dejarme sola. Gracias
por seguir ahí por encima de todas las cosas, gracias por siempre
enseñarme a querer. Gracias por tratar de evitar mi caída siempre que
has podido. Gracias
por ser mi madre.
Y hoy, te digo que te quiero.
Que lo sabes, que te lo digo, que te lo demuestro y que te lo repetiría una y
otra vez, sin cansarme.
Porque, te prometo, que este amor sí que será
eterno.
Feliz día de la madre, amatxu.
@TumundoblogI