Este sentimiento y esta situación es como un gran dolor continuo
en el pecho, como un cúmulo de nervios de los que no me puedo librar de ninguna
forma.
Tantas dudas, tantas noches en vela, tantas tardes felices pero
con tantísimas noches amargas, con momentos irrepetibles y con situaciones
irremediables.
El mero hecho de pensar que, todo lo que conlleva a quererte, lo
tengo tan cerca, que, enloquezco, es más, enloquecí, perdí mi ser, mi claridad,
mi seguridad se esfumó de tal manera en la que tardaré una eternidad en
recuperar.
Sinceramente, al escribir, dudo en quién pienso, porque haga lo
que haga, mis horribles dudas no se disipan, y tu mirada, tus ojos, tu boca, y
todo tu ser, permanecen aquí, inmóviles, ignorando mi presencia, buscando una
vida que seguir.
Éh, amigo, perdí el rumbo por ti.
No olvides que, por ti, yo estoy perdida en un agujero negro sin
salida, en la oscuridad protegida por un gran vacío.
Es muy fácil echar la culpa al de al lado, pero, quizás la culpa
es mía, por mi infinita incertidumbre hacia necesitarte, necesitaros.
